Los altos precios de los combustibles frecuentemente son un invonveniente para los conductores. Aunque las cosas no parece que vayan a mejorar en un futuro próximo, con unos pocos trucos se puede sin embargo ahorrar hasta un 20% de combustible. Aprender y practicar las diferentes formas de ahorrar combustible es decisivo y, además, fácil. Y de las siguientes formas puedes optimizar el rendimiento de tu depósito:
Olvida lo que aprendiste en la autoescuela: la regla según la cual el motor consume menos combustible a velocidad media no se corresponde con la realidad. Los modernos motores de inyección funcionan más eficientemente a bajas velocidades. Así, los actuales motores diésel alcanzan su máximo par motor a unas 1.759 revoluciones.
Al acelerar intensamente, el sistema de amortiguación está totalmente abierto y el motor puede funcionar de manera más económica. Por debajo de 2.000 revoluciones merece la pena cambiar a una marcha superior y apretar fuertemente el acelerador. Si se arranca el motor con poca potencia de aceleración, se está desperdiciando dinero. Es decir, se debe conducir a la velocidad deseada en la marcha más alta posible. ¡No pasa nada por conducir a 50 km/h en quinta!
Usa la velocidad remanente en lugar de desembragar cuando el vehículo rueda en recto. Al levantar el pie del acelerador, los motores de inyección interrumpen de manera inmediata el suministro de combustible. El motor frena el vehículo, sin consumir una sola gota de combustible. Quien se aproxima a un semáforo en rojo y desembraga demasiado pronto, está consumiendo tanto combustible como a marchas bajas.
Sé un conductor consecuente y que se anticipa. Ahorrarás más combustible si mantienes una distacia algo mayor a la de seguridad, pues no tendrás que frenar cada vez que el vehículo que te precede lo haga. Ten en cuenta que al frenar se destruye energía, la cual generaste previamente al acelerar. Esto puede llevarte algún tiempo, pero ahorra combustible y nervios.
No conduzcas tu vehículo a máxima velocidad. El efecto es sobradamente conocido: al apretar el acelerador a fondo, el vehículo sólo circulará ligeramente más rápido, pero consumirá mucho más combustible.
No uses innecesariamente la luneta térmica, los accesorios luminosos o el aire acondicionado. Este último, por ejemplo, consume hasta 1,5 litros a los 100 kilómetros. La luneta trasera supone un consumo añadido de unos 0,4 litros.
Dejar instalada la baca durante semanas acaba costando dinero. A 80 km/h, se consumen unos 0,7 litros. Con una bicicleta, el consumo se eleva hasta los 3 litros en una distancia de 100 kilómetros. Y esto mismo es de aplicación a la carga adicional del maletero: hasta 0,6 litros en un atasco de ciudad.
Si tus neumáticos están bajos de presión, la resistencia a la rodadura se verá incrementada. Con la presión correcta, rodarán más fácilmente y el confort apenas se verá afectado. La correcta presión para tus neumáticos la encontrarás en el manual del vehículo, en la tapa del depósito de combustible o en el interior de la puerta. Con el vehículo cargado, por ejemplo justo antes de emprender viaje en vacaciones, es importante incrementar la presión de acuerdo a las instrucciones del fabricante del vehículo. Con una correcta presión se puede ahorrar hasta un 5% de combustible.